La costa de las barracas: una historia que se pierde

La RAE define barraca como a una “caseta o albergue construido toscamente y con materiales ligeros”. A fi­nales de la década de los cincuenta, el litoral barcelo­nés estaba poblado por alrededor de 20.000 barracas en los barrios de Bogatell, Trascementeri, la Mar Be­lla, Pekín, el Campo de la Bota y el Somorrostro. Estos dos últimos fueron los asentamientos más grandes del litoral.

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Mapa de los núcleos de barracas que se asentaron en el litoral de Barcelona

El fenómeno del barraquismo llegó a Barcelona a fi­nales del siglo XIX como consecuencia del problema de la vivienda por el fenómeno migratorio en alza, según la guía urbana Barraques/BCN. Ante este cre­cimiento el gobierno no supo responder eficazmen­te. Las obras que se iniciaron debido a la Exposición Universal de 1929 generó que la mano de obra se viera forzada a asentarse en zonas dispersas, terrenos que eran propiedad del Estado y nadie reclamaba.

El barraquismo de la costa se extendía desde el Par­que de la Barceloneta hasta la frontera con Sant Adrià de Besòs. La cercana localización al mar y la precarie­dad de los materiales con los que se construían las vi­viendas fueron factores que hicieron a los temporales enemigos íntimos de los vecinos.

En el Campo de la Bota a principios de los setenta, el 75% de los niños sufrían problemas de bronquios. A esto había que sumar la pésima instalación eléctrica y la escasez de agua corriente.

Cuesta imaginar hoy, al asomarse a la playa del So­morrostro desde el espigón, cómo pudo desarrollarse un poblado chabolista en un lugar tan cosmopolita. La zona del Somorrostro, junto con las playas de Bo­gatell y Mar Bella son, curiosamente, las playas más recomendadas para los que buscan disfrutar de una jornada en el litoral.

Saliendo del Somorrostro y siguiendo la Ronda Lito­ral durante cinco kilómetros encontraremos el Parque del Fòrum, antiguo asentamiento de los vecinos del Campo de la Bota. En mitad de un descampado don­de el gobierno pretende construir un hotel se alza una placa a modo de memorándum. El desolador cartel es uno de los pocos vestigios que permiten asomarse de puntillas a ese extraño mundo en el que las pla­yas de Barcelona no estaban rebosantes de turistas en busca de sangría y tapas, sino de una clase obrera que fue víctima de las transformaciones urbanas y sociales que generó la necesidad de vivienda.

En la placa se hace mención tanto a los vecinos de las barracas como a los fusilamientos que se ejecutaron en el Campo de la Bota entre 1939 y 1952. Más de 1.700 personas murieron a manos de autoridades del franquis­mo. Asimismo, con el estallido de la Guerra Civil, cuarenta y cuatro de los militares implicados en el golpe de Estado fueron fusilados en el mismo lugar.

Fue precisamente la decisión de los líderes del franquismo lo que provocó la erradicación definitiva de las barracas del Somorrostro. En junio de 1966 se demolieron las últimas 600 barracas que quedaban en esta parte del litoral barcelonés. El objetivo: evitar que Franco fuera testigo de la miseria del barrio de chabolas durante la realización de unas maniobras navales en sus playas en la Semana Naval.

El desencadenante del proyecto de erradicación fue también la consolidación del plan de la Ribera. Este plan consistía en un ambicioso proyecto de urbanización para recalificar los terrenos industriales que se extendían desde la Barceloneta hasta el Besòs. Finalmente, el proyecto no se llevó a cabo debido a la presión ejercida por las asociaciones de vecinos y a la dificultosa logística para urbanizar el terreno.

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Panorama actual de la Playa del Somorrostro

Un desalojo olímpico

En 1985, a raíz de la declaración de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos de 1992, arrancan las últi­mas acciones de limpieza urbanística del litoral que llevará a cabo el Ayuntamiento a golpe de pico y excavado­ra. La construcción de la Vila Olímpica requería de una remodelación de la zona marítima, y en 1989 se derriba la última barraca del Campo de la Bota.

En esa época tuvieron lugar numerosas manifestaciones en contra de la ordenación del territorio costero barcelonés. Los vecinos protestaban porque la celebración de los Juegos Olímpicos no solo iba a suponer la expropiación de las casas y la destrucción del barrio, sino también porque la mayoría quería mantener su estilo de vida y que no se rompiera una comunidad que se había formado tras años de convivencia con las puertas abiertas.

Evidentemente, la intervención por las Olimpiadas no buscaba satisfacer las necesidades locales, sino unas de­mandas externas que presionaron para llevar a cabo los cambios urbanísticos que requería un acontecimiento internacional de tal envergadura.

Recordando el pasado, entendiendo el presente

Es impresionante la energía que se percibe en los lugares que en un pasado no muy lejano albergaron sufri­miento y miseria. Aunque también fueron testigos de historias de vida, infancias ilusas, matrimonios y naci­mientos. Vidas que nos ayudan a comprender por qué una de las ciudades más visitadas de Europa ha llegado a lo que es hoy.

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Lugar donde se encuentra la placa en memoria al Campo de la Bota

Cuesta viajar en el tiempo cuando se contemplan fotos desgastadas por la edad de lo que fue la vida en las barracas. Cuesta ir allí e imaginar la playa como un asentamiento inhumano y ver todo lo que ahora ofre­ce. Escuchar los testimonios de las personas que fue­ron vecinos de los barrios de chabolas también se hace difícil. Pero, sin duda, lo que más cuesta es explicarse por qué la ciudad de Barcelona ya no quiere recordar su pasado barraquista.

La vergüenza no es un sentimiento fácil de llevar. No nos gusta admitir que existe un pasado que nos puede llegar a dejar en evidencia. Sin embargo, es importan­te incorporar el barraquismo a la historia de la ciu­dad. Que todos lo tengan presente. Que gran parte de la Barcelona que hoy todos pueden disfrutar ha sido construida por habitantes de chabolas que provenían mayoritariamente del sur de la Península.

Para los vecinos que tuvieron que lidiar con esas condiciones de vida durante años los homenajes que se han hecho sobre sus barrios no solo son escasos, sino ofensivos.

La novedad nos atrae. El urbanismo lleva a los ne­gocios, y estos a turismo, ocio y espectáculo. Aquí el pasado no encaja. No queremos recordar situaciones molestas que a menudo son ajenas al progreso y a la vida tecnológica y frenética del siglo XXI.

Chabolismo y moda no van de la mano. Turismo y hablar de la miseria tampoco. La transformación ra­dical de la costa barcelonesa es un motivo de celebra­ción. Pero también lo son las historias personales de lucha y superación que hubo en los barrios. La vida en las barracas hizo más fuertes y solidarios a nuestros parientes más cercanos.

Que no se muera el recuerdo de la Barcelona de las barracas.

Alejandra Fernández Aranda

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Cuando viajamos decimos “voy y vuelvo”. Estamos seguros de que vamos, pero volvemos distintos, cargados de experiencias e historias que nos cambian, que nos determinan el viaje, que nos gustaría contar. En este blog, a través de los relatos, fotografías y videos mostraremos esas instancias que nos marcaron. ¡ Contaremos historias de viajeros que hemos conocido en el camino, sin dejar de lado nuestras impresiones y vivencias !

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