Hartanto Gunawan: de ejecutivo en multinacional a monje budista

—Maestro, ¿cómo se aprende a meditar? —preguntó ella.

—¿Y tú cómo meditas?—preguntó él.

Despertó sin saber si eran las tres de la mañana o de la tarde. El plan de su primer día en tierras tailandesas era no tener plan. Cogió un mapa de la recepción y luego de caminar algunas horas, tomar un barco, dos tuk-tuks y otro barco más, llegó a Wat Arun. Su instinto la llevó por los laberintos de sus calles con templos y apareció frente a un cartel: Centro de Meditación.

Dijo varios hello, sawadee ka, hola,  pero nadie la atendía. Era todo silencio hasta que apareció una anciana bajita y de sonrisa eterna. Gritó algo y una niña casi adolescente muy sonriente le dijo: —Hello, welcome to the meditation center— y la invitó a ingresar. Luego de pasar por un jardín entró a una sala con un Buda rodeado de flores, ventanas sin reflejos y un cojín rojo de terciopelo. Se sentó en él e intentó meditar. Al abrir nuevamente los ojos observó a alguien cerca del Buda. Había aparecido como un fantasma anaranjado.  A su pregunta de porqué meditaba su instinto le hizo responder que le daba paz pero no estaba muy segura de cómo se hacía.  Le entregó una hoja sobre el budismo y le enseñó sus bases. Le contó que un día de meditación decidió pasar de ser el director de una multinacional en Jakarta a montar un centro de aprendizaje comunitario en Bangkok.

La niña que le había dado la bienvenida le entregó un folleto. Se trataba de un centro comunitario que brinda becas de estudio de enfermería a niñas y adolescentes. Reciben voluntarios de todo el mundo y se mantiene gracias a las donaciones que recibe. Hartanto Gunawan es el creador del CLC (Community Learning Centre, por sus siglas en inglés) ubicado en Wat Arun Rajvararam, en el templo del amanecer. Es un centro dedicado a niñas huérfanas, que previenen de hogares pobres o en riesgo. Abrió sus puertas en el año  2007 y se han recibido unas 140 enfermeras hasta la fecha.

Cerró los ojos para intentar meditar como el monje le había enseñado y cuando los abrió solo eran Buda y ella; el maestro se había retirado de la sala sin hacer ruido. Estaba atardeciendo en el templo del amanecer.

Si planeas viajar a Bangkok o simplemente llegas allí  por instinto, puedes dejar tu huella  al visitar el centro comunitario de Hartanto Gunawan y ofrecer tu ayuda como voluntario o simplemente aportar una donación. Será muy agradecida.

 

Por Paola Pazcel

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